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Octubre 2007
MISIÓN POSIBLE
Usted
tiene una misión. Quien reconozca a Dios como su creador, debe
saber que cuando Dios Padre realiza una obra, lo hace siempre con un
propósito o misión. Si usted lee el libro del Génesis ve que la
Palabra nos dice que “al principio Dios creo la luz”,...
claro que con un propósito. Así mismo sucedió con el sol, la luna,
las estrellas y demás cosas creadas, cada una tiene una misión.
Cuando Dios creó a la mujer y al hombre, los creó parecidos a El
mismo, “los creó a su imagen” (Gen 1, 27).
Encontramos que de todo lo creado por Dios no hay nada que diga que
se parece a El, únicamente cuando creó al ser humano. Por lo tanto
esto nos indica que nuestro creador nos creó con un propósito, con
una misión de igual forma que las demás cosas creadas por El.
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Una primera lección radical y conclusiva:
Yo no soy obra de la casualidad, ni soy solo el resultado de la
relación de mis padres que me engendraron. Ellos participaron,
sin embargo, Dios Padre me formó en el seno de mi madre (Salmo
139, 13...).
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Una segunda lección:
Si Dios Padre me formó y me dio vida, es con un propósito, con
una misión. Fijémonos que Dios es el más interesado de que
usted y yo logremos alcanzar la realización del propósito para
lo que el fuimos creados. Por consiguiente usted y yo
tenemos una misión que cumplir en este mundo.
Para entender cuál es su misión, nuestra misión, es necesario
recordar lo que se nos enseñó en el catecismo, antes de hacer
nuestra primera comunión. Recordemos que se nos hacía la
pregunta: ¿para qué te creó Dios? Y nosotros respondíamos:
“para conocerlo, amarlo y servirlo”. (Ver Nuevo
Catecismo numeral 31). Nunca debemos olvidar esta enseñanza tan
importante en la vida de todo cristiano. Si queremos conocer las
respuestas que la humanidad se hecho a través de los siglos: ¿quién
soy yo? ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? Nosotros como
creyentes, hijos y creación de Dios, y lo ya anteriormente
mencionado, sabremos de inmediato como responder a estas preguntas.
Por consiguiente, es de tomarse muy en serio lo de “CONOCERLE”.
Esta es una decisión personal que cada uno debe tomar
voluntariamente. Hagamos nuestro el pensamiento de San Agustín
cuando dice: “Dios que te creó sin tu permiso, no te puede
salvar sin tu permiso”.
En lo profundo del corazón de cada mujer y de cada hombre, existe el
gran deseo de conocer a quién nos creó, lo aceptemos con los demás o
no. El catecismo de la iglesia católica en el numeral 27 nos ilumina
el camino de esta misión, cuando dice: “El deseo de Dios
está inscrito en el corazón del hombre, porque el hombre ha sido
creado por Dios y para Dios; y Dios no cesa de atraer al hombre
para sí, y solo en Dios encontrará el hombre la verdad y la dicha
que no cesa de buscar...”.
¿Para qué debemos conocer a Dios?: pues para saber quién es El y a
la misma vez conocer su propósito para mi vida. Se ha hecho en
algún momento la pregunta: ¿para qué me tiene Dios en este
mundo o para qué me creó? Dios lo creó a usted para ser
feliz en esta vida, entre lo que se incluyen las alegrías y el
sufrimiento. Un atleta que desee competir en las Olimpiadas, sabe
anticipadamente que para ganar una medalla de oro, debe luchar con
gran esfuerzo, disciplina, entrega e inclusive el sufrimiento.
Una cosa que me llama poderosamente la atención de Jesús, el Señor,
es conocer su personal definición de lo que es la felicidad.
Recordemos que El dijo: “MI PAZ (SHALOM) LES DEJO, MI PAZ LES
DOY...” (Jn 14, 27). La felicidad se traduce en una paz
profunda. Precisamente San Pablo llega a decir: “La paz
que sobrepasa todo entendimiento” (Fil 4, 7). Este es el
deseo de Dios.
Jesucristo unas horas antes de sufrir el martirio de la cruz, está
reunido con sus apóstoles y les dice sus últimas palabras durante la
llamada última cena. Les enseña que el servir a los demás es
sinónimo de felicidad. Este acontecimiento se sucede después de que
El les lavo los pies, (Jn 13, 17): “Si ustedes entienden estas
cosas y las ponen en práctica, serán dichosos...”.
Posteriormente encontramos las palabras en donde Jesús les dice que
El ha sido quien los escogió a ellos y les anuncia para que fueran
llamados, en sí les da su misión (Jn 15, 16). Otro deseo de Dios
es que usted y yo, alcancemos la salvación eterna. Por eso usted
sabe muy bien que Dios Padre envió a su propio Hijo para que nadie
se pierda, sino más bien para que tengamos vida eterna (Jn 3, 16).
Yo no se cual es el estado en donde se encuentre usted hoy, puede
ser casada(o) soltera(o), de cualquier edad, joven o adulto; el
hecho es que usted tiene una misión que cumplir, así como el
atleta. Cuando se lucha por cosas grandes y nobles, como son las
cosas de Dios, siempre hay un precio que pagar. San Pablo dice: “Los
que se preparan para competir en un deporte, evitan todo lo que
pueda hacerles daño. Y esto lo hacen por alcanzar como premio una
corona que en seguida se marchita; en cambio, nosotros luchamos por
recibir un premio que no se marchita. Yo, por mi parte, no corro a
ciegas ni peleo, como si estuviera dando golpes al aire. Al
contrario, castigo mi cuerpo y lo obligo a obedecerme, para no
quedar yo mismo descalificado después de haber enseñado a otros.” (1
Cor 9, 25-27). Así cualquiera que sea su vocación,
su estado, su edad, etc., hay que luchar por lograr el objetivo de
la misión. La vida en sí es una lucha de todos los días y nos
encontramos en medio de tentaciones de situaciones fuera de nuestro
alcance, como lo puede ser una enfermedad, o un miembro de la
familia que está caminando por el camino equivocado, un problema de
pareja, o bien económico, etc.. Usted sabe el suyo y Dios también,
sin embargo tenemos en el cielo quienes nos están animando.
Permítame decirlo en otra forma: “nos están
echando porras”,
así como cuando un país está en un estadio alentando a su selección,
lo hacen con cantos, pancartas, o gritando con júbilo: ¡SI SE
PUEDE!, ¡SI SE PUEDE!, etc.
En el cielo están reunidos nuestro Padre celestial, Jesucristo, el
Espíritu Santo, María nuestra Madre, los santos, los Ángeles,
arcángeles y serafines, nuestros seres queridos que se nos
adelantaron y que lograron cumplir su misión, ellos también
interceden por nosotros para cumplir la misión. Hay ocasiones en
que algunas personas me dicen: Hermano ¿porqué sigo con tantos
problemas, si no he dejado se seguir a Dios? Y mi respuesta común
es decirle que primero examine bien lo que hay en su Corazón, sí
está en comunión con El Señor y sí le está obedeciendo. Si la
respuesta es sí, entonces le animo a que continué perseverando y
sea paciente para esperar y fuerte para no dejar que Satanás nos
quite la paz que hemos recibido de Jesús, ya que el deseo de Satanás
es contrario al de Dios.
Como usted lo pudo leer anteriormente, San Pablo dice claramente que
se lucha no dando golpes al aire sino a mi cuerpo, esto me indica
que él está perseverando sin dejarse desmayar, para no perder de
vista su misión y así ganar el premio que es la corona de la vida
eterna. Al mencionar anteriormente que en el cielo la corte
celestial nos está animando y alentando, me hace recordar cuando mi
esposa Sara y yo, como padres, íbamos a ver jugar a alguno de
nuestros hijos, en alguna competencia deportiva. Lo que sucedía
durante esas competencias en las tribunas con nosotros los padres,
era y es algo muy emocional. A mi gustaba ver el rostro del papá o
mamá cuando su hijo hacía algo muy bueno y se le iluminaba el rostro
de alegría, como diciendo allí estoy yo representado, él es parte
mía, es sangre de mi sangre. Ahora bien, cuando el hijo fallaba en
algo, cometía un error o caía en la cancha por algún choque, como
padres sentíamos el dolor, la pena, la angustia, sin embargo, en
esos momentos sacábamos fuerza interior y le dábamos gritos de ánimo
y júbilo. Les decíamos que sí se puede, etc... Y si iban ganando
los animábamos, y si perdían con mayor razón. Si perdían el juego
sentíamos por dentro la tristeza de la derrota, pero éramos capaces
de transmitirles positividad diciéndole: hoy se perdió pero el
próximo van a ganar. Cuando ganaban celebrábamos con alegría el
triunfo y nos sentíamos muy orgullosos del logro alcanzado por el
equipo y en especial por nuestro hijo.
Haciendo esta comparación tan sencilla, imagínese lo que sucede en
las tribunas del cielo. Si nosotros siendo pecadores ofrecemos este
tipo de apoyo a los nuestros, como será el apoyo de nuestro Padre y
su Hijo que son perfectos y nos ofrecen su amor incondicional a
través del Espíritu Santo. Por lo tanto cualquiera que sea su prueba
o el sufrimiento por el que actualmente atraviesa, recuerde que
usted no esta solo o sola. Si usted está en este momento
angustiado creyendo que está perdiendo el partido de la vida,
recuerde que hay alguien que está en este preciso momento dándole
animo y gritando por usted desde el cielo, diciéndole que: TODO
ES POSIBLE PARA EL QUE CREE. SU MISIÓN ES POSIBLE. Recordemos
la dulzura del ángel en la anunciación, que proclamo alegremente a
María, y a nosotros también que: “Para Dios no hay nada
imposible” o lo que es lo mismo: Para Dios todo es
posible. (Lc 1, 37).
Con alegría agradezco a cada uno de ustedes que han logrado
continuar apoyando este apostolado con sus oraciones y ofrendas,
créanme que si no fuese por su ayuda, sería muy difícil seguir
alcanzando miles de personas que día a día se convierten al Señor de
norte a sur, de este a oeste. Se que en estos días la situación
económica está difícil y yo le ruego a mi Padre del cielo, que supla
las necesidades de cada uno de ustedes, que no les falte lo
necesario para seguir adelante. También ruego para que cada
persona que lee y recibe esta carta Sienta la presencia de Dios y
que El sea quien personalmente toque y mueva su corazón para que no
dejen de apoyar con su ofrenda, su semilla de amor, en la medida de
sus posibilidades y que Dios Padre les devuelva el cien por uno como
es su promesa, reconociendo que “todo es posible para el que
cree”.
Que Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo le sostengan y le
bendigan en todo momento, y ruego por la intersección de María de
Guadalupe sobre cada uno de sus hijos. Amén.
NOEL
DÍAZ
P. D.
Estamos a muy pocos días de celebrar un acontecimiento de carácter
histórico y ser testigos del poder de Dios al derramarse
abundantemente su gracia sobre la juventud en el Sport Arena de Los
Ángeles, los días 20 y 21 de Octubre, fecha en que se celebrará el
CDJ. Un evento dirigido especialmente para nuestra
juventud, la esperanza de la Iglesia fundada por Jesucristo.
Padres de Familia, por favor, no desaprovechen la oportunidad de
enviar a sus hijos para recibir esta bendición de Dios. Jóvenes,
tomen la gran decisión de su vida y vengan individualmente o como
grupos y dejen que Jesucristo se introduzca amorosamente en su vida y
serán testigos del poder del Espíritu Santo, dándoles la posibilidad
de una vida nueva, porque hará con ustedes una MISIÓN POSIBLE.
Por favor, no dejen para último la compra de sus boletos.
Adquiéranlos desde este momento y llame confiadamente a nuestras
oficinas al teléfono (818) 260 0222.
JÓVENES, VENGAN AL CDJ
2007
Y JUNTOS CELEBREMOS NUESTRA FE |
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