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Mayo 2007
Este
es el titulo de una carta que escribí hace ya varios años, y que
hoy deseo retomar. En cada una de estas cartas que Dios me
permite escribir, siempre deseo que El me permita compartir de
las experiencias de la vida diaria. Teniendo en cuenta que Dios
nos habla en momentos difíciles. Esto lo podemos comprobar
cuando leemos las Sagradas Escrituras. En estas últimas semanas
he podido palpar el profundo dolor al escuchar a madres y ver
como ellas lloran por sus hijos y familia. Algunas porque su
hijo (a) a fallecido, o porque su hijo (a) esta en el mal camino
atrapado (a) en las adicciones o cosas parecidas, otras por la
relación con su pareja.
Por esta razón he decidido retomar este tema del dolor de muchas
mujeres, especialmente de las madres y poderles animar ver que es lo
pensaría Jesús al ver sus lagrimas.
Indudablemente
encontramos en el evangelio a Jesús siendo testigo del dolor de la
mujer y no hay duda alguna que Jesús se conmovía al ver las lágrimas
de la mujer. Mencionare algunas de ellas. María Magdalena,
la cual había lavado con sus lágrimas los pies de Jesús y los había
perfumado. Esta mujer que quiso buscar el verdadero amor en tantos
hombres sin encontrarlo; la que se atrevió a llegar a una cena en
donde no había sido invitada. Quien iba a pensar o a imaginar que
esta mujer de la vida alegre, a la cual todos aquellos que la veían
pasar la señalaban se iba a convertir en la primera testiga de la
resurrección del Señor.
Yo
quiero enfocar en dos casos particularmente que nos presenta las
Sagradas Escrituras, donde en cada uno de ellos se encuentra una
mujer llorando. Quisiera pedirle unos minutos de su tiempo para que
juntos reflexionemos en los que sucedió en cada uno de ellos. Creo
yo que las lágrimas tienen un efecto muy particular y misterioso
hasta cierto punto en cada persona, tanto en la que derrama las
lágrimas como el que ve las lágrimas derramadas en una persona.
Cuando yo era pequeño de edad entre los 5 y 14 años, muchas veces
tuve la experiencia de ver a mi madre derramar lagrimas. Cada vez
que esto sucedía pasaban muchas cosas por mi mente. Me sentía
impotente pues no tenía la capacidad de resolver sus problemas.
Al verla también me producía
inseguridad e inestabilidad, me producía tristeza y la gran pregunta
que todos nos hacemos en medio de un sufrimiento ¿POR QUÉ? Desde
entonces cada vez que veo a una mujer llorar me recuerda mi niñez y
los momentos cuando mi madre lloraba.
Estoy seguro que Jesús fue movido cada vez que veía el sufrimiento
y las lágrimas de sus semejantes. Encontramos en el evangelio de
San Lucas 7, un caso muy particular de una madre – viuda que tan
solo tenía un hijo y ese hijo había fallecido y lo llevaban a
enterrar, prácticamente se había quedado sola. En ese momento
también Jesús va por el camino con sus seguidores. En un momento se
encuentran los dos grupos, el grupo de personas que van tristes
acompañando a esta madre al entierro de su hijo y Jesús con sus
seguidores. Jesús se detiene, y se conmueve del dolor de esa mujer,
ve sus lágrimas y en cada una de ellas un pedazo de su corazón. En
un tiempo atrás esta mujer ya había derramado lágrimas por su esposo
que también había fallecido, sin embargo le había quedado la
esperanza de su único hijo. Es de imaginar que su hijo se convirtió
en la razón de vivir como sucede en muchos casos de esta índole.
Mas ahora el hijo que llevo en sus entrañas también había muerto.
(San Lucas 7, 11-15). Esta mujer representa aquellos que hemos
perdido a alguien o algo que creemos no podrá ser reemplazado, por
lo consiguiente el corazón se encuentra vacío y sin esperanza, sin
una razón porque luchar. Me llama mucho la atención que las primeras
palabras de Jesús a esta madre, “NO LLORES”. Así es
Dios cuando nos mira abatidos, desconsolados, impotentes y nuestras
lágrimas siguen moviendo el corazón de Dios que nos sigue diciendo
estas mismas palabras “NO LLORES”.
Creo que en estas dos palabras Jesús le estaba
diciendo: “Siento tu dolor, siento tu vacío, siento tu soledad, y tu
tristeza, siento que piensas que tu vida no tiene sentido, etc.”
Estas palabras no eran simplemente para consolar su corazón sino que
Jesús estaba por realizar el milagro de devolverle la vida a su
único hijo. Y así fue, Jesús le devolvió a su hijo. Y sus lágrimas
se convirtieron en gozo y alegría. Esto me da ha entender que a
Dios le duele ver nuestro sufrimiento y entiende el dolor de
nuestras lágrimas y siempre quiere consolarnos y devolvernos una
razón por la cual seguir viviendo. Su respuesta no siempre es la
devolvernos a nuestro ser querido como en este caso, a veces su
voluntad es diferente a lo que nosotros le pedimos, esto quiere
decir que Dios no sufre al ver nuestras lágrimas.
El segundo caso lo encontramos en el
evangelio de San Juan 20, 11-16, aquí María Magdalena se encuentra
llorando, no eran las primeras lágrimas que derramaba, en una
ocasión sus lágrimas lavaban los pies del maestro y conmovieron el
corazón de Jesús. Y en esas lágrimas encontró el perdón y la
misericordia de Dios. También lloró al ver a Jesús ser crucificado
al pie de la cruz, ahora nuevamente se encuentra llorando al no
encontrar el cuerpo de su amado Señor. Cundo de repente Jesús le
dirige estas palabras: “MUJER, ¿POR QUÉ LLORAS?”. Usted
puede darse cuenta que estas palabras están cuestionando el porqué
de sus lágrimas. En el caso anterior, Jesús no cuestiona las
lágrimas sino que entiende el motivo, pero en este caso pide una
razón y es que Jesús ya había anunciado su muerte y su resurrección
más de una vez y él esperaba que sus palabras hubieran hecho eco en
el corazón de sus seguidores.
Hoy hay mucha gente que dice creer en
Jesús y confiar en sus palabras, sin embargo nos sucede lo que a
María Magdalena, lloramos porque pensamos que Jesús nos ha
abandonado, que Dios no nos escucha, cuando la verdad es que sus
promesas son files ya que él dijo que iba estar con nosotros todos
los días de nuestra vida y especialmente en los momentos más
difíciles. Podía decir que estas mismas palabras de Jesús “¿POR
QUÉ LLORAS?” es una exhortación a cada uno de nosotros que
lloramos por temores injustificados, porque nos sentimos solos y
dudando de sus promesas. Son en estas situaciones cuando Dios no
nos dice “NO LLORES”, sino más bien “¿POR QUÉ LLORAS?”.
Esta carta la dedico especialmente a la
mujer que día a día lucha por salir adelante y que por encima de sus
retos y desafíos no da marcha atrás, la dedico a la mujer que hoy
esta pasando una prueba, la dedico a todas las madres. Queridas
amigas tomen el ejemplo maravilloso de nuestra madre santísima, su
fidelidad a Dios, su SÍ que permitió que el verbo se
encarnara en su vientre y al pie de la cruz derramo lagrimas, mas
nunca perdió la confianza en las promesas de Dios y entrego a su
Hijo y su dolor a la voluntad del Padre. Hoy les invito a ustedes a
que descubran la compasión que Dios tiene con nosotros al ver
nuestras lágrimas de dolor, sabiendo que El puede cambiar nuestro
lamento en alegría así como le dijo el ángel a María: “Para
Dios no hay nada imposible”. (San Lucas 1, 37)
En el pasado mes de abril del presente
año El Sembrador cumplió 23 años de servicio. Hoy agradecemos a
cada uno que a través de todos estos años han estado con nosotros y
hoy más que nunca los necesitamos. En los últimos meses hemos
venido experimentado una baja significante en el apoyo económico. Y
nos será muy difícil continuar con todos nuestros proyectos de
evangelización sino contamos con la ayuda de todos aquellos que
creen en la labor que estamos realizando. Mi más sincero
agradecimiento a cada uno de los que no nos han dejado de apoyar,
sin ustedes no fuera posible lograr lo que estamos logrando.
Recuerden que su familia de “El Sembrador” pide día a día por todas
las necesidades de cada uno de ustedes que reciben esta carta, hoy
pido por los que no tienen trabajo o esta enfermos, los que están
pasando por dificultades económicas, siempre rogando para que El
Señor supla nuestras necesidades, también pido por los que tienen
trabajo, salud para que Dios los continué bendiciendo y multiplique
cada ofrenda que aportan para este apostolado, juntos estamos
sembrando semillas de fe, esperanza y amor.
¡Felicidades! A todas las MADRES en su día
les mando un fuerte abrazo. Doy gracias a Dios por nuestra Madre del
cielo que nos ama, por mi madre quien fue la que me trajo ha este
mundo y por la madre de mis hijos, Sara, a cada una ellas les doy
las gracias por su amor.
Que Jesús El Señor les guarde siempre y que
la intercesión de María Santísima de Guadalupe ante su Hijo nos
permita ver Su Gloria, Amen.
En Jesús y María Santísima,
Noel
Díaz
P.D.
Quiero pedir una grande disculpa por el error
que cometimos en la correspondencia del mes pasado, donde se
escribió la palabra: “pajeras”, en vez de “parejas”, lo sentimos
mucho por esta falta de atención y agradezco su comprensión al
respecto. Estoy consiente que nos podemos equivocar en alguna falta
de ortografía, pero esta equivocación consideramos que no fue una
pequeña falta.
Felicito a todos los hombres que estuvieron
presentes en el pasado Congreso de Hombres. ¡Animo! y a seguir
adelante con Cristo por delante. Los espero ver en el Congreso de
Parejas, por supuesto a los que tienen su pareja. A las madres
solteras y padres solteros recuerden que ustedes son invitados a
vivir este Congreso.
Quiero aprovechar para recordarles que es muy
importante que ya hagan sus planes para los Grandes Congresos de
este año: Católicos Unidos en la Fe en Agosto 18 y 19
y también el de CDJ Congreso de Jóvenes
en el mes de Octubre 20 y 21, ambos en el la Arena Deportiva de Los
Ángeles. Los boletos ya están disponibles. Este año esperamos mas
personas, así que no se vayan a quedar sin boleto, asegure su
entrada. Desde ya les motivo a los líderes para que ya estén
preparando el viaje con sus grupos. Hagan de estos eventos un
motivo para hacer crecer sus grupos, crecer en la fe y compromiso a
todos aquellos a quien usted invite. Dios le recompensara en
abundancia. |
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