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Agosto 2007
LA
COSECHA ES MUCHA Y LOS OBREROS POCOS
Encontramos
en la narración de San Mateo, que Jesús al ver la necesidad de la
gente sintió dolor al verlos sufrir: “Al ver a la gente, sintió
compasión de ellos, porque estaban angustiados y desvalidos, como
ovejas que no tienen pastor. Dijo entonces a sus discípulos:
Ciertamente la cosecha es mucha; pero los obreros son pocos. Por
eso, pidan ustedes al dueño de la cosecha que mande trabajadores a
recogerla”. (MT 9,36-38).
Es muy claro
ver que el mismo Jesús les pide a sus discípulos que le pidan al
Padre Celestial que mande más obreros, porque hay una gran
necesidad. Creo que esta petición de Jesús esta aún presente en su
sagrado corazón.
Cuando vemos a nuestro alrededor nos damos cuenta de la gran
necesidad que hay en el mundo, en las familias, en los matrimonios,
en los jóvenes, niños y ancianos. Nuestro Padre del cielo desea
que nosotros al igual que su Hijo sintió dolor al ver el sufrimiento
de los demás, también seamos partícipes junto a El y también
intercedamos por ellos. El Padre respondió en su momento a la
petición y necesidad de tantas personas que se encontraban en
penumbras y llenos de dolor, por la intercesión e intervención
oportuna de Jesucristo.
Usted y yo no seremos tan felices si ignoramos el dolor de los
demás. Hay personas que dicen… yo no me meto con nadie, así que no
soy tan malo como otros. Yo diría que ese es el grave problema….
el no meternos a ayudar a los demás y ser indiferentes. Yo
fui llamado como usted por Jesús, para que nos metamos en la vida de
los demás, no con motivo de causar rencillas, sino para decirles que
Dios es bueno y que solo en El se encuentra la verdadera paz y la
salvación, y con esto respondemos a la petición de Jesús.
En lo personal, he disfrutado con un gozo profundo cada vez que
puedo llevar a un alma a los pies de Jesucristo. En el fútbol la
máxima expresión es cuando se grita…el gol!!! Y ello es
una celebración de júbilo. Cuando volvieron a Jesús los 72
discípulos,… ¡llegaron felices! celebrando la victoria, era
un júbilo decirle al Maestro: “Señor,
hasta los demonios nos obedecen al invocar tu nombre”. (LC 10,
17).
Ellos habían sido testigos del poder salvífico de Jesucristo. Así
que como creyentes bautizados, estamos llamados a unirnos a recoger
la cosecha, esto equivale a anunciar la Buena Nueva, a hablarles a
otros que aún no saben o no han querido reconocer el gran amor de
Dios, en su Hijo Jesús. En mis más de 20 anos de servicio en la
obra evangelizadora, he disfrutado cada vez que una alma se logra
alcanzar, no digamos miles, como cuando estamos en los congresos y
así como los 72 discípulos, también nos sentimos gozosos de ver como
opera el poder del Señor.
En mi caminar en el servicio, Dios me ha hecho saber la importancia
de saber aprovechar mi estancia en esta vida. Una experiencia que
me dejó una gran huella fue la vida de Juan. Esta historia la
compartí con ustedes hace unos años atrás y cada vez que la recuerdo
me motiva a seguir trabajando con ánimo para el Señor.
Un día mi amigo Silverio me dijo: Noel te invito al hospital a
visitar a un hombre enfermo, le respondí, claro que si. A
los días llegamos los dos al hospital general de Los Ángeles,
entramos en la habitación donde estaba Juan. Yo jamás había visto a
este hombre de algunos 35 años de edad. En su rostro se le veía
una gran tristeza y su cuerpo muy delgado manifestaba lo fuerte que
era su enfermedad. Después de estar un tiempo platicando con él,
supe que su enfermedad era grave. Tenía un cáncer avanzado y los
doctores le habían dado unas semanas de vida. Sin embargo el podía
hablar muy bien. Mientras conversábamos con él, yo por dentro
pensaba que palabras podré darle a este hombre que tenía una
sentencia de muerte. Pensé…, Dios puede sanarlo si es su voluntad
y si el Señor tiene otro plan para él, lo bueno será asegurarse que
esté arrepentido, y con una buena confesión para que encuentre su
salvación.
Esto pensaba mientras veía su cuerpo en esa cama. Llegó el momento
cuando le dije: Juan permítenos hacer una oración por ti y así
pedirle a Dios por tu sanación. Inmediatamente Juan contesto
algo así: Noel yo le agradezco que usted haya venido a visitarme.
He escuchado hablar de usted y le estoy agradecido por su deseo de
orar por mí, pero permítame decirle que tengo una gran tristeza en
mi corazón. Porqué? le dije. Pensé, será por que tiene mucho miedo
a la muerte. Pero el me dijo, algo que jamás había escuchado de
alguien. Añadió: mi tristeza no es porque me dicen los doctores que
me quedan pocos días de vida, la verdad es que no tengo miedo morir,
porque ya le entregado mi vida al Señor y me he arrepentido y me he
confesado con un sacerdote, en este aspecto siento que Dios ya me
perdono y si muero tengo la seguridad que llegaré a su presencia.
Dentro de mi corazón pensé que fe la que tiene este hombre... Pero
no quedo todo así.
El continuó diciendo; la verdadera razón de mi tristeza es porque si
muero en unos días y llegue ante la presencia del Señor, me
presentare ante El con ¡LAS MANOS VACIAS! Como es eso le
respondí. Es que cuando estuve sano, cuando podía caminar de un lado
a otro nunca hice nada por los demás, solo pensaba en mi, en mis
placeres, pecado y tantas cosas malas que hice, pero no aproveché el
tiempo que Dios me dio cuando estaba sano en hacer alguna buena
obra, es por eso que siento que llegaré con LAS MANOS VACIAS. Por lo
tanto pida por mi para que Dios me de una oportunidad de salir
de este hospital y así ir y hablarle a alguien de cuan grande es el
amor de Dios y de hacer buenas obras.
Ahora Juan había abierto los ojos del alma y él entendía el valor de
la vida y de lo que realmente tiene valor para Dios y que son las
buenas obras resultado de la comunión con Él.
Hermanos, ese día yo aprendí una gran lección y con más vigor he
seguido mi camino de servicio. Realmente esta historia me hizo
valorar la importancia de servirle a Jesús y de compartir con los
demás lo maravilloso que es Él. Pasaron los días y Juan partió a
la presencia del Señor, y la buena noticia fue que como haya sido
Juan, Dios lo perdonó, tuvo misericordia de él. Lo triste fue
que Juan llegó con LAS MANOS VACIAS, pero presentó un corazón lleno
de arrepentimiento.
Jesús nos ha elegido para que demos mucho fruto. El nos ha llamado
a ser luz en un mundo lleno de tinieblas, nos ha llamado a ser sal
de la tierra. Su gran deseo sigue siendo el mismo que lo llevo a
decir: “La cosecha es mucha y los obreros pocos.”
Hoy al recordar la historia de Juan, nos puede enseñar varias cosas,
tales como: VALORAR MAS LA VIDA, APROVECHAR EL TIEMPO QUE DIOS
NOS DA DE VIDA HACIENDO BUENAS OBRAS, VER QUE HAY MUCHA NECESIDAD A
NUESTRO ALREDEDOR Y SABER QUE ESTA AUN A NUESTRO ALCANCE PODER
EVITAR LLEGAR A SU PRESENCIA CON LAS MANOS VACIAS.
Cuando usted termine de leer esta carta permítame ayudarle a hacer
algo por los demás, algo que puede cambiarle la vida a una o muchas
personas y usted se preguntará…cómo? Pues sencillamente invitando
a las personas que usted pueda, a asistir al Gran Congreso de
Católicos a realizarse este mes, solo faltan días. Hoy, en este
preciso momento si es posible, haga una oración ante Jesús y dígale:
Señor úsame como tu instrumento para llevar a quien tu pongas
en mi mente y en mi camino a este Congreso, para que allí pueda
conocerte y amarte, especialmente a los que no han abierto su
corazón a tu amor y que todo lo que haga sea hecho en el nombre
poderoso de Jesucristo nuestro Señor y Dios.
Haga y repita esto cuantas veces pueda e insista con su invitación a
sus familiares, vecinos y amigos y cuando llegue ese día y usted vea
como los 72 discípulos, el poder de Dios obrar en ellos, también
usted experimentará el mismo gozo que experimentaron ellos y que el
mismo Jesús también sintió.
En ese momento Jesús se lleno del gozo
del Espíritu Santo y dijo:
“Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has
mostrado a los sencillos las cosas que escondiste de los sabios y
entendidos. Si, Padre, pues así lo has querido” (LC 10, 21).
Celebremos cada momento en que Dios nos
da la oportunidad de servirle. Vivamos como si este fuera el último
día de nuestra vida. Vivamos intensamente cada día al lado de
Jesucristo.
Que el Padre el Hijo y el Espíritu Santo le colmen de su
misericordia, de su amor y de su poder. Que la siempre Virgen
María de Guadalupe nos llene de su amor de Madre y que por su
intercesión lleguemos a amar a su Hijo Jesucristo.
Noel
Díaz
P.D.
Sin
lugar a dudas en unos pocos días tendremos la oportunidad de vivir
una experiencia para la historia en el Congreso de Católicos, la
cual usted no se la debe perder. Haga todo en su posibilidad de
asistir y deje que Jesús haga el resto. Con el favor de Dios usted
podrá llevar a todos los que pueda y desee prisa en adquirir sus
boletos anticipadamente y no se confíe hasta la última hora, ya que
puede suceder que se terminen los boletos en esta ocasión.
Vengan
y juntos como Iglesia celebremos nuestra fe!!!!
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